«No es necesario ser ricos para enfrentar aspectos de la pobreza que son cruciales»

«Los niños en Perú no son bien tratados tanto en el momento de nacer como en las primeras edades»

Javier Iguíñiz Echeverría, profesor principal en la Universidad Católica del Perú (Lima), nació en Lesaka (Nafarroa). Tuvo que emigrar, con nueve años al Perú, después de la guerra civil española. Allí ha transcurrido su vida.

Es presidente del Movimiento Internacional de Intelectuales Católicos de Pax Romana, un movimiento laical cuyos miembros ponen sus conocimientos y profesionalidad al servicio de un mundo con mayor igualdad de oportunidades para todos. Su misión la lleva a cabo poniendo sus conocimientos como economista e ingeniero al servicio de un proyecto de gran alcance: afrontar el desarrollo de los pueblos no sólo en clave económica sino en términos más humanos, humanitarios y humanistas.

«Hay una convergencia entre estos nuevos planteamientos sobre el desarrollo de los países y las personas, y la doctrina social de la Iglesia que conviene explorar y estudiar», afirma el profesor Iguíñiz, que estuvo recientemente en Barcelona invitado por Justicia y Paz.

¿Cuáles son los retos del Perú actual en clave de desarrollo económico y social?

En parte es un reto clásico: convertir el progreso económico en bienestar y desarrollo humano porque lamentablemente, sobre todo en América Latina, la desigualdad es muy grande. Somos el continente más desigual de todos en términos de distribución del ingreso; «lamentablemente» somos también el más católico de todos, lo cual nos pone en una exigencia de coherencia en términos de evangelización y presencia eclesial y cristiana muy grande. Como el buen samaritano nos los recuerda, no importa que hayamos sido o no los causantes de una situación porque si la tenemos cerca también somos responsables. Por lo tanto, ese reto en América Latina es muy serio, no sólo política y económicamente, sino religiosamente. ¿Cómo compatibilizar un catolicismo que se pretende promotor de la justicia y los derechos humanos con situaciones de enorme desigualdad que no son cuestionadas suficientemente?

¿Cuáles deben ser las prioridades auspiciadas por el Estado peruano?

Esta igualdad es el marco general, pero en concreto la prioridad debe ser más consideración hacia el mundo rural. Pero no únicamente no se está haciendo, sino que hay una especie de declaración de desahuciados de los que viven en estas zonas rurales con pocos recursos.

¿Cuál es la situación de los niños? ¿Es cierta la cifra de un 24% de desnutrición infantil?

Efectivamente, una de las asignaturas pendientes en Perú es la existencia de una tasa de desnutrición muy alta incluso para el nivel de producto por cápita que tiene Perú. Otros países con el mismo nivel de riqueza, de recursos, logran resultados mucho mejores en lo que a desnutrición se refiere. En Perú tenemos mucha incidencia de casos de anemia, también tenemos retraso en mortalidad materna y tasa de mortalidad infantil. En general, los niños en Perú no son bien tratados tanto en el momento de nacer como en las primeras edades. Hay una desconsideración especialmente grave. Yo estoy involucrado en iniciativas en esta dirección porque, como sabemos muy bien, los daños que ocurren en esas edades iniciales muchas veces no logran revertirse y producen adultos con pocas capacidades, situación que empeora ante las exigencias del mercado y las exigencias profesionales, que son cada vez mayores en las economías.

¿Cuál es la misión de la doctrina social de la Iglesia en los actuales tiempos de crisis?

Es animarnos a los que somos católicos a investigar, estudiar, profundizar e innovar en la doctrina social de la Iglesia; no tanto a repetirla, porque sería ésta una manera obsoleta de enfrentar realidades que son muy cambiantes, que son muy difíciles y que requieren mucha innovación. Para los intelectuales y profesionales el primer reto de la doctrina social de la Iglesia es ponernos una plataforma básica desde la cual innovar, investigar y atacar con riesgo temas más complicados, más fronterizos.

Como presidente del movimiento Pax Romana, ¿cuál cree que puede ser la aportación de este movimiento en el momento actual?

Nuestra Iglesia tiene que demostrar una simpatía por la gente, una cercanía a los problemas concretos de la población y, especialmente, como dicen nuestros obispos en América Latina de manera reiterada y últimamente en Aparecida, a los más pobres. Si la Iglesia católica, su jerarquía, los miembros del laicado, no demuestran en la práctica una aproximación cariñosa, consoladora, afectuosa con ese mundo social, por mucho que esgrima la doctrina, por mucho que levante el dedo condenatorio, acusatorio, no va a tener la autoridad moral como para convertir a las personas a un planteamiento crsitiano que permita revigorizar la espiritualidad de los católicos en América Latina. Insisto en esa cercanía humana, en la afabilidad, en el cariño, en el consuelo, en el acompañamiento y menos en esas afirmaciones muy secas, verticales, condenatorias, excluyentes y poco afectuosos con los más necesitados.

Entrevista realizada por Carmen Munté para Catalunya Cristiana

 

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