Joseignacio Vicario desde Kioto (Japón)

Ya han pasado 6 días del terremoto y tsunami. Como podréis ver por las noticias, es la primera vez que ocurre un fenómeno de estas dimensiones. Calculan que la energía liberada ha sido mil veces la del terremoto de Haití. Un pueblo que suele estar preparado para estos desastres ha reaccionado rápidamente, pero las infraestructuras han quedado tan dañadas que la impresión es que se llega tarde.

Lo más impresionante ha sido ver lo que no estamos acostumbrados. Los barcos entrando en los puertos pesqueros hasta quedarse anclados en las calles o encima de las casas. Muchas casas flotando hacia el mar. Y tanta gente que se ha quedado sin familia, sin casa, sin trabajo, sin nada.

Llama la atención ver que no hay saqueos y se controla el pánico. Una señora respondía a un locutor de la tv, que había visto salir su casa flotando hacia el mar. No tenía más que lo puesto y en la expresión de su cara ni una lágrima, ni un gesto de desesperación. Acabó agradeciendo el ánimo que le ofrecían dando gracias con un reverencia.

Un hospital de cinco pisos quedó arrasado hasta el cuarto piso por las olas. Todos los pacientes y enfermeras de los cuatro primeros pisos salieron desplazados y no se sabe nada de ellos. Un médico pudo escapar a la azotea, sin poder hacer nada, vio cómo desaparecía todo el interior del hospital. En el quinto piso estaba su mujer hospitalizada, esta señora pocas horas después daba luz a un niño. Misterios de la vida y la muerte.

Un señor de unos 60 años estuvo en alta mar dos días sobre el tejado de su casa. Se subió para escapar del agua pero la casa entera se la llevó la corriente.

Todo el país se ha volcado en ayudar. Se recoge dinero en las calles, se envía ropa y comida a los miles de desplazados. Nieva y hace frío en el norte. Pero lo más terrible es la radiación nuclear. Todavía no está resuelto el problema.

A todas las horas y en todos los canales nos dan información de lo sucedido. A veces opto por alejarme de las noticias para no dejarme llevar por el drama que vemos, porque el estrés se acumula y se pierde el sueño y mucha energía.

Hacen falta ratos de soledad para controlar los pensamientos, meditar y rezar; de forma que podamos dar siempre una respuesta positiva ante tanto caos y negatividad. No es fácil pero lo estamos intentando. Hay que enviar olas de amor y compasión a millones de personas que están pasando la mayor crisis de la historia del país. Hay mucho que curar y este es el momento crítico.

En Kioto la vida sigue normal. No ha habido ningún daño, pero la gente está atemorizada. Estamos ayudando en todo lo que podemos a nivel de colegio y de comunidad viatoriana. Ahora estamos en vacaciones de fin de curso. Muchos estudiantes vienen al colegio a participar en los deportes organizados. Los niños aparentemente no están tan impactados y conservan su sonrisa y vitalidad. La sonrisa de un niño te da fuerzas para pasar un día superando todos los obstáculos.

Siento más que nunca que cada día que pasa es precioso.

Estamos en contacto. Un abrazo

Ignacio

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