“Los derechos humanos no lo son sin los derechos de las mujeres”.
Gervasio Sánchez fue galardonado el 24 de febrero de 2011 con el V Premio Internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado. El jurado del galardón, que promueve el Sindicato de Periodistas de Andalucía (SPA), ha destacado su ‘independencia y excelencia periodística’, además de reconocer en Sánchez ‘el valor del trabajo de los reporteros gráficos’.
Es conocido el discurso que pronunció durante la entrega de los premios Ortega y Gasset el 7 de mayo de 2008. Cuentan que en el acto estaban presentes la entonces Vicepresidenta del Gobierno,varias ministras, exministros del PP, la Presidenta de la Comunidad y el Alcalde de Madrid, el Presidente del Senado y cientos de personas.
Él lo cuenta mucho mejor que nosotros, así que os invito a leerlo. Os añado su blog: http://blogs.heraldo.es/gervasiosanchez/, en donde podréis conocer su trabajo.
Estimados miembros del jurado, señoras y señores:
Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo. ….
Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.
No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.
Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.
Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.
Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.
Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.
Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.
Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.
Muchas gracias.
He estado dudando si comentar o no esta noticia y al final me he decidido. La protagonista es una miembro destacada de un partido político de Euskadi, pero espero que entiendan que el comentario es sobre ella, no sobre el partido.
SERSO San Viator es un colectivo heterógeneo, donde trabajamos, colaboramos y participamos personas de variadas «tiendas políticas, ideológicas, religiosas…» y la siguiente entrada quiere mantenerse respetuosa con todas ellas.
Desde el sábado, 26 de febrero, el Grupo Noticias viene ofreciéndonos por capítulos el modo de ejercer la Cooperación al Desarrollo con fondos públicos de Ana Urchueguía, antigua alcaldesa de Lasarte-Oria. Las elecciones municipales están cerca. Nos imaginamos que el dedicar portadas, artículos varios… al tema ‘Somoto’ (Nicaragua) puede ser una especie de «vendetta» política. No queremos entrar en esa guerra. Pero…
Siempre hay un pero. Desde los poderes públicos se nos exige la mayor transparencia en la justificación de las ayudas públicas destinadas a la Cooperación. Y estamos de acuerdo, así debe ser. Pero a las Instituciones Públicas que destinan directamente fondos económicos de todos y todas a la Cooperación, ¿quién las controla? ¿Quién ha controlado a Ana Urchueguía? Y no me refiero a los posibles desvíos o no de dinero público en beneficio propio, que para ello existen otros canales, empezando por su propio Ayuntamiento, siguiendo por Euskal Fondoa y por la Federación Española de Municipios y Provincias (en ninguna de ellas era una cualquiera), y terminando por la fiscalía, si es necesario.
Este vídeo de 7 de octubre de 2010 produce sonrojo, produce vergüenza, produce… flaco favor a la Cooperación. Para repartir a ti sí; al Real Madriz de Somoto, también y a ti, no, que no me caes bien, como una vulgar caquiquilla, ¿para eso dedicamos parte de nuestros fondos a la Cooperación?
¿Nos incluirán a todas las organizaciones en el mismo saco? Espero que no.
Este es un artículo escrito por Gustavo Gutiérrez, que en 1971 publica su conocido libro «Teología de la Liberación» y que pone ‘nombre’ al movimiento, sobre Don Samuel Ruiz. Samuel Ruiz, recientemente fallecido, fue obispo de Chiapas (México).
Este artículo ha sido publicado en Eclesalia.
A los 86 años nos ha dejado Mons. Samuel Ruiz García, obispo que fue de Chiapas (México), sucesor «varios siglos después» de Bartolomé de Las Casas, cuyo testimonio y defensa de los habitantes originarios de estas tierras constituyeron para él una fuente de inspiración.
En abril de 1968 tuvo lugar en Melgar (Colombia) una reunión sobre la tarea misionera de la Iglesia; era un jalón en la ruta hacia la Conferencia de Medellín (agosto-septiembre, 1968). El encuentro fue organizado por el Departamento de Misiones del CELAM, presidido por Mons. Gerardo Valencia (pastor de una diócesis «Buenaventura, Colombia» con una amplia población afro-descendiente). En él participó activamente un joven obispo, Samuel Ruiz; Juan XXIII y el Concilio, al que asistió, habían despertado en él, un hombre de formación clásica y académica, inquietudes que lo habían llevado a ver de modo nuevo la cruda realidad de pobreza y exclusión de los indígenas hacia los que había sido enviado como pastor en 1959.
Pero Melgar lo ayudó a considerar las cosas desde una perspectiva latinoamericana y liberadora. Más tarde, y en diversas ocasiones, evocaría, con sencillez, lo que esa reunión, vivaz y fecunda, había significado para él (y en verdad, para todos los que compartimos esa experiencia). Después de analizar la realidad social y eclesial de ese tiempo y de considerarla desde la fe, las conclusiones de Melgar, en referencia a los pueblos indígenas, terminan formulando la esperanza de que «la presencia de de Cristo, Verbo Encarnado, en las poblaciones de América Latina y la acción del Espíritu en ellas» den lugar a «una primavera que revitalice la Iglesia en América Latina en este momento de cambio y opción histórica».
La mayor parte de los participantes de esa reunión misionera estuvo en Medellín y contribuyó a que la Conferencia recogiera muchas intuiciones de las conclusiones de Melgar. Samuel tuvo una ponencia al inicio de la Conferencia de Medellín en la que insistió en una de ellas. Pidió «una especial consideración sobre la situación de los indígenas en el continente latinoamericano», y advirtió que de no ser así «seguirán acumulándose los siglos sobre este vergonzoso problema que bien pudiera llamarse el fracaso metodológico de la acción evangelizadora de la Iglesia de América Latina».
Samuel enfrentó con tesón y creatividad la situación que denunciaba en ese cónclave continental. Más de 45 años de su vida fueron consagrados a la variada y numerosa población indígena de su diócesis. Lo hizo con cercanía y amistad, comprendiendo y valorando sus culturas, aprendiendo sus lenguas, defendiendo sus derechos, proponiendo un Evangelio de amor y justicia, ordenando indígenas como diáconos casados para servir a sus pueblos, sensible al sufrimiento de pueblos secularmente maltratados y marginados. Para todo ello, trabajó siempre en equipo, supo rodearse de laicos, religiosas y sacerdotes con quienes estudiaba la realidad humana y social en la que se encontraban y evaluaba en reuniones diocesanas los proyectos pastorales que compartían. Se trata sin duda de una de las experiencias pastorales más ricas que se hayan hecho en el continente en este terreno.
Hoy, sin embargo, la solidaridad con los pobres e insignificantes no puede limitarse a la, siempre necesaria, ayuda inmediata; debe, asimismo, señalar y denunciar las causas de la situación en que viven. Lo planteó Medellín con firmeza y Samuel no temió hacerlo. Y como ha ocurrido tantas veces, entre nosotros, eso le granjeó incomprensiones, hostilidad y, por momentos, maltrato. Pese a lo doloroso de esa situación, Samuel la vivió como testigo de la paz, pero con la convicción de que ella no puede establecerse sino sobre la justicia social, el respeto a los derechos humanos y la igualdad en la diversidad.
En 1979, Samuel convocó en Chiapas, en coherencia con sus opciones y preocupaciones, a un encuentro sobre «Movimientos indígenas y teología de la liberación». Concurrieron líderes indígenas, obispos, agentes pastorales, teólogos de diferentes países del continente y de diferentes regiones de México, la reunión comenzó con informes sobre la situación social y pastoral de cada lugar. A ello siguió una interesante reflexión teológica sobre un tema cada vez más presente, los años lo habían hecho madurar, pero no dejaban de ser primeros pasos en un asunto de gran importancia.
Si bien la dedicación mayor de Samuel era su zona y los pueblos que con afecto y aprecio lo llamaban Tatic (padre, anciano), su labor se extendió a su país e, incluso más allá de él. Lo prueba su generosa acogida, en Chiapas, a los refugiados guatemaltecos que dejaban atrás una situación de abusos y muerte, así como, una vez obispo emérito, en tanto miembro activo y representativo de asociaciones de solidaridad internacional y defensa de los derechos humanos, especialmente en América Central. Agreguemos el papel que jugó, comprometido con la justicia como fundamento de la paz «mediación no siempre bien comprendida por todos» en el difícil momento del levantamiento del Ejército zapatista de liberación nacional.
Don Samuel era un hombre libre, de una profunda libertad evangélica. En su funeral, otro gran pastor, Mons, Raúl Vera, decía de él: «Con toda verdad vemos que hasta el final de su vida se conservó como un auténtico hijo de Dios por su trabajo por la paz, que nace de la justicia y del amor»
El documental peruano “Operación Diablo”, dirigido y producido por Stephanie Boyd y protagonizado por Marco Arana ganó el premio The International Human Rights Film Award, otorgado por la Fundación Cinema for Peace (Cinema por la Paz) de Alemania, en un evento paralelo al Festival de Cine de Berlín.
«Marco Antonio Arana Zegarra nació en Cajamarca un 20 de octubre de 1962 y es un sacerdote de la Diócesis de su ciudad natal, en el Perú. Es fundador del Grupo de Formación e Intervención para el Desarrollo Sostenible GRUFIDES, ferviente activista por los derechos ambientales y sociales, Premio Nacional de Derechos Humanos 2004, fundador también del Movimiento Tierra y Libertad, agrupación de ambientalistas y ecologistas, de movimientos de derechos humanos, productores agropecuarios y dirigentes sociales, que pretende convertirse en partido político con miras a las elecciones presidenciales del 2011.
Para el 2006 el diario La República dio a conocer la denominada Operación Diablo, operación puesta en marcha desde el mes de agosto del 2006 ejercida por C&G Investigaciones, quien tendría nexos establecidos con el personal de Forza S.A., empresa que presta servicios de seguridad a la Minera Yanacocha. El objetivo central de la operación era vigilar, intimidar y dañar la imagen del sacerdote Marco Arana y el equipo de profesionales de la institución no gubernamental GRUFIDES, conocidos por su trabajo en defensa del medio ambiente en esa región, base de las operaciones de Minera Yanacocha.
Cuando la tierra llora, Operación Diablo es un documental que pretende reflejar la delicada situación de Arana y su equipo ante el espionaje, seguimiento y amenazas llevadas a cabo por la compañía minera de extracción de oro más grande del mundo a los miembros de la organización peruana GRUFIDES, dedicada a la denuncia de las violaciones de derechos humanos que se cometen en la zona minera de Cajamarca, Perú.
Un documental acerca de un hombre que lucha ante un enorme poder económico, por justicia, por lo que cree, por su gente.» (http://bajotumirada.blogspot.com/2010/04/operacion-diablo.html)