Escapar del infierno / Abidjan

SERSO San Viator lleva años colaborando con Costa de Marfil, prácticamente desde su fundación en 1993. SERSO está presente en el país a través de distintas comunidades viatorianas de Ferke, Bouaké y Abidjan. Nos unimos al dolor del pueblo marfileño, a los cientos de asesinadas y asesinados por la cerrazón de los políticos aferrados al poder, a las y los miles de desplazados por la sinrazón y la barbarie; a nuestras hermanos y nuestros hermanos viatores de toda sensibilidad política.

Le hemos pedido a Javier que nos cuente la huida de Abidjan, de la Riviéra Palmeraie:

“A mi modo de ver este último episodio empezó el 30 noviembre 2010, cuando el portavoz

de la CEI (Comisión Electoral Independiente) se disponía a leer un avance de los resultados. Un incidente impidió dicha proclamación en el momento oportuno. El Presidente de la CEI tuvo que proclamar los resultados al día siguiente, fuera del periodo previsto por la ley. Sin embargo, el Representante del S.G. de la ONU para Costa de Marfil, tal como estipulaban los acuerdos de Ouagadougou, reconocidos por ambos líderes, validó los resultados, junto con los representantes de la Unión Europea que había financiado dichas elecciones. El Secretario General de la ONU anunció el miércoles 8 de diciembre de 2010 el triunfo, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, de Alassane Ouattara con un 64% de votos. Decisión que el Consejo Constitucional de Costa de Marfil no aceptó. Y ahí se lió la cosa…

Todos los emisarios africanos, unos siete en total, en grupo o individualmente, que vinieron a discutir con el presidente saliente Laurent Gbagbo con y el presidente reconocido por la comunidad internacional, Alassane Ouattara, «se fueron con el rabo entre las piernas» y perdonen la expresión. El primero (Gbagbo) estaba decidido a no ceder el sillón y el segundo (Ouattara) quería conseguirlo. Pero el diálogo continuaba y el uso de la fuerza se alejaba, de momento. Todo este lío ha durado cuatro meses.

A pesar de todo, nuestra comunidad religiosa, como tantas otras comunidades religiosas, hemos seguido nuestras actividades educativas (nuestro Colegio tiene 1.500 alumnos), formativas y catequéticas; que a veces eran interrumpidas por enfrentamientos armados entre partidarios de los dos bandos, pero nada hacía esperar lo que ha llegado.

La última quincena de marzo el horizonte fue esombreciéndose. Los enfrentamientos armados se hacían más frecuentes, incluso alguno de nuestros autocares fue apedreado. Los alumnos tenían miedo de salir de casa para ir al colegio, e incluso los padres los alejaban de Abidjan para ponerlos a buen recaudo. Todo esto no favorecía nada la enseñanza, pero, a pesar de todo, pudimos terminar el segundo trimestre, aunque no pudimos distribuir los boletines de notas. !«Chapeau» a nuestros profesores!

A partir del viernes 25 de marzo cerramos el Colegio, ya que las tropas favorables al presidente electo, Alassane Ouattara, estaban a las puertas de Abidjan. El 31 marzo empezó la ofensiva sobre Abidjan. Pero todavía no nos hacíamos a la idea de que se avecinaba una guerra «de verdad».

Una vez cerrado el Colegio, y cerrados también los centros de formación donde acuden nuestros religiosos, la sola preocupación era escudriñar los distintos medios de información, tanto nacionales como extranjeros, para ver por dónde irían las cosas.

Poco a poco nos íbamos haciendo a la idea de que lo peor estaba por venir. El diálogo continuaba en paralelo entre Laurent Gbagbo (que en mi opinión buscaba ganar tiempo para almacenar armas, lo que se demostró más tarde) y los emisarios oesteafricanos. Enla ONU, el embajador designado por Ouattara pedía que se actuara rápidamente para evitar un «genocidio».

Y lo peor llegó. A partir del 1 de abril, el crepitar de las armas ligeras y el ruido de armamento pesado se convirtieron en «el pan nuestro de cada día» y yo diría también de cada noche. Nuestra comunidad no está lejos de un punto estratégico para la toma de Abidjan, lo que nos daba derecho a una ración suplementaria de misiles y armas ligeras, incluso al otro lado de nuestra tapia. Hasta pensábamos que en cualquier momento, los de un bando o los del otro, entrarían en la comunidad para robar a punta de metralleta. Pero gracias a Dios, no pasó nada. Un día en que la cosa se calmó un poco, pudimos salir a comprar algo de alimento, porque la despensa estaba vacía. Pudimos encontrarlo, pero… ¡a qué precio!

En comunidad, formada mayoritariamente por jóvenes estudiantes en formación, pasábamos el tiempo charlando, consultando internet y rezando, ya que nadie tenía ganas de hacer otra cosa, ya que tampoco era aconsejable salir de casa, ya que nos podíamos encontrar alguna bala perdida en el camino. Esta situación, poco a poco, nos iba angustiando cada vez más, por lo que había que hacer un esfuerzo suplementario para tranquilizarnos y para tranquilizar a los más pusilánimes. Creo que la oración diaria, a veces animada por el ruido de las ametralladoras y de los cañones, nos ayudó a superar, no voy a decir el miedo, que sí, que lo había, sino la angustia de no saber qué sucedería al día siguiente.

Hay que tener en cuenta que, además de los miembros de la comunidad, estaban viviendo con nosotros tres profesores que habían tenido que abandonar sus casas y enviar a sus familias al pueblo, ya que vivían en el barrio de Abobo, mayoritariamente pro Ouattara, que había sido bombardeado, incluso un día de mercado.

En el mismo barrio estamos dos comunidades de Viatores, aunque separados por una buena decena de kilómetros. Y en cada una de ellas había un «blanco», dos europeos de nacionalidad española, uno de Vitoria y otro de Madrid. Y visto que, por mandato de la ONU las tropas francesas, estacionadas en Port-Bouet, otro barrio de Abidjan, estaban entrando en la danza; y puesto que los soldados de la ONU.CI eran acusados por los partidarios de Gbagbo de ayudar con armas a sus adversarios, empezamos a sospechar que los «blancos» podían ser «el blanco» de alguno de los grupos armados, ya que en estas circunstancias primero disparan y luego preguntan.

Decidimos llamar a las tropas francesas de la  «Operación Licorne» para que nos evacuaran a su base y allí estar más seguros unos días. Cosa que hicieron al cabo de una semana de habernos identificado, ya que nuestros respectivos barrios están uno en cada punta de Abidjan, y había que atravesar un puente que, durante varios días, estuvo tomado por los partidarios de Gbagbo. Las fuerzas francesas de la Operación Licorne eran, y son, los únicos con medios para garantizar la seguridad de los ciudadanos europeos en general y de los franceses en particular.

Así el 9 de abril nos evacuaron en helicóptero a su campamento-base, previo reagrupamiento en uno de los colegios franceses de nuestro barrio, junto a otros ciudadanos europeos. Una vez en su base y no sabiendo cuánto podría durar aquello, decidimos aprovechar un vuelo en un avión del ejército francés de Abidjan a Dakar, pasando por Accra. Y una vez en Dakar, cogimos al día siguiente un vuelo directo para Madrid, donde llegamos la madrugada del lunes día 11, día en que Lauren Gbagbo fue detenido y llevado a lugar seguro por las Fuerzas Republicanas de Côte d’Ivoire, apoyadas por helicópteros de la ONU.CI y de la «Operación Licorne».

No he hablado, «ex profeso» del papel de las autoridades católicas y musulmanas, religiones mayoritarias porque, a Dios gracias, la religión no ha intervenida para nada (insisto, para nada) en el desarrollo de esta crisis desde su comienzo en el 2002; aunque alguien haya querido últimamente implicarlas quemando varias mezquitas y asesinando fríamente a líderes religiosos musulmanes. Y aunque soy sacerdote católico, me descubro ante las autoridades religiosas musulmanas; porque, a pesar de todo, siempre han llamado al perdón y a la reconciliación.

Ahora, lo que nos queda, una vez que volvamos a Costa de Marfil, es colaborar con las nuevas autoridades, y más en concreto con las autoridades académicas del Ministerio de Educación, para reconstruir (¿o construir?) el tejido social, muy malparado últimamente, y trabajar para el perdón y la reconciliación entre todos los marfileños de la etnia y religión que sean. ”

Javier Martínez

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