12 de enero de 2012 – 2º aniversario / 2012ko urtarrilaren 12a – 2. urteurrena


A todas y todos que habéis y seguís colaborando con SERSO San Viator en beneficio del pueblo haitiano, ESKERRIK ASKO.

Un saludo especial a los hombres y mujeres de la Comunidad Viatoriana, y nuestra solidaridad con todos los hombres y todas las mujeres haitianas.

Publicado en Haití, serso san viator | Etiquetado | Deja un comentario

Somalia, 23 de septiembre, séptima noche

Día largo. Consulta enorme y rebote con la guerrilla a cuenta de que quieren también ellos la parte que les corresponde de alimentos, agua y material. Disparan al aire al intentar entrar al campo ante la impasividad de los cascos azules. Después de una conversación repleta de gritos, empujones y amenazas se marchan con las manos vacías, pero con más tiros y amenazas de muerte a los “herejes”.

Hoy ha estado todo el día con tormenta de arena, lo que ha dificultado de una forma enorme el reparto semanal de alimento. Es un zumbido constante y cansino y entra arena por todos los rincones: la bomba de extracción de agua está parada (hemos tenido que utilizar el motor diesel de un oruga para bombear el agua), el purificador de aire del quirófano ha dejado de funcionar porque los filtros no dan abasto, lo único que funcionan son las letrinas y los milicianos.

Seguimos dando de alta a enanos que pasan de grado de malnutrición. Hemos decidido M. y yo hacer un censo de mujeres embarazadas y proporcionales un 35% más de calorías hasta llegar, al menos, a 2.000 calorías desde el inicio del embarazo.

Los almacenes están casi llenos. Aún no me han contestado desde PMA a mi propuesta de empezar a preparar un campo para empezar la siembra de mijo.

Hemos aumentado el “rancho” a las cabras para intentar compensar la matanza pasada.

Hoy en “la mosca”, que ha vuelto a volar a pesar del susto de ayer, han traído una caja con una docena de gallinas para completar la dieta de los niños mayores de un año que están ingresados.

En estos días está aumentando el número de personas que llega, una media de 800 al día, con lo que H., ‘el zahorí’, se tiene que poner las pilas para perforar el segundo de los pozos.

Se han detectado en la última noche 22 casos nuevos de cólera. Mucho me temo que van a ser bastantes más de ahora en adelante, ya que todos lo casos son de personas que vienen de la misma zona y han bebido hace dos días del mismo charco (sí, he dicho charco).

Día pesado y tenso, agobiado por el run-run constante de la tormenta de arena.

He intentado hablar con mi relevo, pero me ha sido imposible.

Un pantalón de faena del color de la arena, una camiseta en la que dice que soy un zurdo famoso, unos pies descalzos, un catre de tijera de lona verde de uno noventa de largo por ochenta de ancho, una frontal, Bill Evans en los auriculares, un ordenador que se está quedando sin batería, una sensación extraña de soledad, una noche por delante y hoy no quiero oír nada que no sea jazz y, ojalá, la lluvia que golpee con fuerza la chapa del container y la lona de mi techo…

Usiku mwema, campo Tumaini

Publicado en Ayuda Humanitaria, Emergencias | Etiquetado | Deja un comentario

Somalia, 22 de septiembre, sexta noche

Es de noche. M. se acaba de ir. Le noto cansado y un poco harto.

La milicia ha intentado derribar a la “mosca”, un helicóptero pequeño de Naciones Unidas que apenas mete ruido y que todas las mañanas llega a Tumaini con recambios, órdenes, medicinas y recuerdos de M.

Hoy han aparecido 6 cabras degolladas y acuchilladas. Hemos oído los lamentos del pastor, orgulloso de sus cabras, que cada mañana nos traía su precioso “regalo” hasta la “cruz”. Ha sido de madrugada. En el cambio de relevo de los cascos. Seguro.

Así no vamos a poder llegar a las tasas de porción de leche diluida para los 46 enanos ingresados de grado 3.

M. nos dice que no hagamos nada que pueda “irritar” a los milicianos. Que ella hablará con el líder rebelde sobre la situación del campo y que adopte una postura firme sobre sus milicianos. Tampoco aceptará los tiroteos sobre el campo para provocar a los cascos azules ugandeses, que parece que tienen el gatillo fácil.

La gente permanece impasible ante lo tiroteos, están tan acostumbrados…

M. me dice que ha encontrado un relevo para mí. Un medico argentino que trabaja en Dadaad con MSF y que nos lo prestan por una temporada hasta que llegue el definitivo.

Hoy no se ha detectado ningún caso de cólera más. Aún no están dados de alta los últimos casos. Hemos adiestrado a 6 técnicos somalíes para la detección, aislamiento y tratamiento medico de los casos que se produzcan.

Es de noche. Día raro y complicado. M. enfurruñado por la impotencia que les viene dada por los mandos. Hemos descubierto una botella de jhony walker que V. “gratamente” ha compartido con nosotros.

Es de noche. Estoy cansado, muy cansado. Dicen que las lluvias llegarán pronto.

Le propongo a M., la posibilidad de comenzar a preparar terreno para la siembra de semilla de mijo (sorgo rojo). Habilitar al menos unas hectáreas para que los hombres se “entretengan” en algo, tengan algo de normalidad, tengan esperanza. Añado que podríamos utilizar los blindados para roturar y preparar el campo en una mañana; los vehículos están inactivos y facilitaría la labor de siembra. Si abrimos otro pozo, el agua está asegurada para el cultivo. Me dice por el W. T. que lo pensará, pero que estoy loco.

Es de noche. Dicen que pronto vendrá la lluvia…

Usiku mwema, campo Tumaini

Publicado en Ayuda Humanitaria, Emergencias | Etiquetado | Deja un comentario

Somalia, 21 de septiembre, quinta noche

Muchos nos tememos que hay milicianos infiltrados en Tumaini. Me lo comenta M. En la reunión que han tenido por la mañana con los mandos militares hay cosas que no entienden, que pasan y que no deberían pasar. Prefieren pensar que se han infiltrado milicianos que pensar que algunos de los técnicos somalíes que trabajan con nosotros son parte de la milicia.
Sigue llegando gente. Algunos llegan renqueando al campo. A otros los trae algún vehículo de Naciones Unidas, “camuflados” entre el material y el equipo para que lo milicianos no se enteren que incumplimos las reglas.
H. me pregunta si sería bueno habilitar otro pozo en Tumaini. Quiere pensar que el actual no va a ser suficiente si nos llega la avalancha de refugiados como le está llegando a D. desde el Dadaad. En la actualidad podemos ofertar 25 litros por persona y día para beber, cocinar y lavar, pero no vamos a poder mantenerlo si se duplica la población.
Nos desespera que la gente no utilice las letrinas.
Siguen apareciendo montones de tierra en las inmediaciones de la alambrada cuadrada. Son pequeños, son niños.
Macuala ha venido a curarse con el hilo de sutura roto. Con la nariz colgando, le dejo ingresado. La mano como una bota.
Tengo que dejar de escribir. Me reclaman.
Usiku mwema, campo tumaini.

Publicado en Ayuda Humanitaria, Emergencias | Etiquetado | Deja un comentario

Somalia, 20 de septiembre, cuarta noche

Hoy estoy solo. M. tiene guardia. No salgo esta noche. Me quedo en mi agujero a la espera de que llegue el sueño.

Desde el campo 2, D. nos cuenta que se está empezando a llenar de gente venida de Dabaab. Llegan en más o menos buenas condiciones después de haber sido alimentados durante meses en ese campo. Cuentan que quieren volver a sus casas abandonadas por la sequía, el hambre y la milicia.

Aquí, en este campo, ya pasamos de los 3.500 y están mal, muy mal. Hoy, en la reunión de las 6,15, me dice el responsable de los técnicos somalíes que ya han encontrado pequeños “bultos” en las afueras de la cerca de alambre cuadrada. Son los primeros cadáveres a recontar. Está preocupado porque las familias no les quitan la cinta de su muñeca con su número de filiación y su número de tienda donde se alojan. Se queja de que así va a ser imposible llevar el estadillo de presencia al punto. También se queja de que la familia, el responsable de la familia, no va decir que ha muerto un familiar y menos si es un niño, porque es la forma de que reciban la misma cantidad de leche para menos niños. Me pregunto, si en esto también estamos locos.

Hoy, V., el comandante polaco, ha venido exultante: ¿Vienes a ver las letrinas nuevas? “Son como las de Birkenau, pero aquí nadie les va a meter prisa, a mi abuelo lo gasearon allí”, me comenta.

Caminamos casi un km. desde “la cruz”. Una fosa de más de 30 metrosde largo por 10 metros de ancho y siete metros de profundidad, con dos pasillos centrales y pequeñas separaciones de plástico duro para individualizar cada cubículo. Unos para mujeres y otros para hombres. Al ser de lona el techo, hace un calor de muerte, pero en fin.

Hoy ha sido un día de sorpresas: el pastor de las cabras nos ha traído la primera “cosecha”: casi doce litros de leche de cabra, rica en grasa y en proteínas. Habrá que rebajarla, y mucho, para que los enanos la puedan digerir.

El técnico logista somalí pone pegas para meter la leche en la nevera enorme de las vacunas… No se da cuenta, ¿o sí?, de que no va a durar ni 24 horas esa leche. En fin.

Han llegado dos comadronas al campo: una uruguaya de MSF y otra belga de Save of Children. M. les ha obligado, sutilmente, a que se corten el pelo a lo “garçon”.

Se han detectado cinco casos de cólera: dos portadores y tres enfermos. Son de la misma familia. Investigamos su recorrido hasta este campo para intentar localizar el foco y eliminarlo. Les aislamos y ponemos un guarda ugandés (para que ni siquiera le entiendan) para que no anden por el campo “infectando” al resto.

Hoy a eso de las once, ha llegado él: viene con su madre (cualquier modelo de la pasarela Cibeles sería una obesa mórbida en comparación con esta mujer), de edad incalculable. Trae a su enano con la mano izquierda envuelta en un trapo de colores, posiblemente cortado del pañuelo que ella lleva cubriéndole la cabeza.

  • Habari (¿cómo estás?)
  • Mwanangu ni mgonjwa (mi hijo está muy enfermo)

Le quito el trapo y descubro una mano izquierda con un dedo colgando y los extensores de cuatro dedos seccionados. El pulgar limpio.

No llora, ni siquiera se asusta, ni siquiera aparta la vista de la mano herida, de vez en cuando mira a su madre como preguntándole, ¿qué me va hacer este blanco pelón en mi mano?

  • Jina langu ni nane,je? (¿cómo te llamas?)
  • Macuala….wewe? (Macuala, y ¿tú?)

¿Cómo le digo a este enano que me llamo Juan Bautista Antonio, que mi familia me llama Batti y que mis amigos me llaman Jon?

  • Mohamed Zeitung (es el nombre de un compañero sirio cardiólogo de Osakidetza que trabajó una temporada conmigo), a lo que las dos enfermeras somalíes se miran entre sí y creo que alucinan.
  • Nimejeruhiwa (me han herido) inhuma hapa (y me duele).

Le explico a la madre como puedo, o me hago entender, qué es lo que le voy hacer, y le digo que tiene que venir todos los días al medico a que le cuide la herida y que la tiene que tener tapada siempre. Y con toda la naturalidad del mundo me pregunta:

  • ¿Ishi? (¿vivirá?) – y me quedo de piedra.

Vuelvo a la sala donde las enfermeras le están lavando de arriba abajo y entro con la nariz de payaso cogida del bolsillo del pantalón de faena, justo ahí, al lado del miedo, de la incertidumbre, de la locura.

Le anestesiamos el bracito. Le digo que me hable y que me cuente cosas. La madre se queda fuera mirando a través del trozo de ventana transparente de plástico que impide el paso al quirófano. Le duelen los pinchazos de la anestesia.  Le pongo la nariz de payaso a la que le tengo que hacer dos agujeros y atarle un hilo de sutura para que no se le caiga. Estoy casi dos y media hora con la mano.

Le enseño un espejo para que se mire y se vea con esa nariz. Nunca ha visto un payaso, pero se ríe a carcajadas. Le enseña la cara a su madre. Le vendamos la mano, le dolerá, seguro, pero también sé que no se quejará.

Se lo entregamos a su madre que ha permanecido de pie y rígida durante todo el rato. Al salir me pregunta:

  • ¿Ni bei gani? (¿cuánto cuesta?)
  • Ni bure (es gratis)

Me mira, se emociona, me coge la mano con su mano cubierta por el vestido que lleva, para no tocarme la piel, e inclinando la cabeza me dice, bajito:

  • “Mueñe sukrani, muana mune” (agradecida,….. hombre).

Salen del container al calor del mediodía, él se da la vuelta para mirarme con la nariz de payaso ladeada (se le acabará cayendo si no aprieta el hilo).

Entro al lavatorio y me miro al espejo. Creo que es la primera vez, en estos días, que mi mirada sonríe.

Hoy no compartiré ni la noche, ni las estrellas, ni el silencio, ni el miedo con M., hoy sólo me preguntaré cuando apague mi frontal si la Vida le dará a Macuala la oportunidad de ver un payaso de verdad.

Usiku mwema, campo Tumaini.

Publicado en Ayuda Humanitaria, Emergencias | Etiquetado | Deja un comentario